
El suelo deberá ser sólido y estar liso, seco y sin polvo. Si usted mismo vierte la chapa, tome en cuenta su peso (más el de las baldosas). Cubra eventualmente los desagües con la chapa. Empiece con una capa de escombros y grava (15 cm.), continúe con unos 8 cm. de hormigón y termine con una chapa de 2 cm.
Puede colocarse un pavimento nuevo sobre uno antiguo (adaptando en caso de
necesidad la altura de las puertas).
Quite la moqueta las baldosas de plástico, el vinilo o el linóleo.
Utilice un producto cuyo disolvente sea el de la cola que desea quitar. Raspe
bien los restos el suelo debe quedar liso y sin polvo.
Suprima las pequeñas diferencias de nivel (tape los agujeros, suprima los filos con martillo y escoplo) y lije los sitios reparados. Podrá recurrir a un mortero autoalisante que le permitirá obtener un soporte perfectamente liso (altura suplementaria: 1 mm).
Un entablado o parqué antiguo podrá servir de soporte a condición de que el mortero nivelante no sea aplicado directamente en él (adherencia reducida riesgos de deformación). Saque los clavos que sobresalgan o húndalos del todo, quite el polvo, limpie, desengrase con tricloroetileno y tape los agujeros.

Para encontrar las causas de la humedad del suelo, coloque una hoja de plástico
transparente en el mismo. El vaho encima del plástico significa «
condensación » ; si está mojada la parte inferior del plástico
el suelo no es suficientemente seco o se roducen subidas de humedad.
Cúbralo en este caso con una hoja de polietileno.
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