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La dedicacion, las aptitudes inherentes a cada perro y las largas jornadas de aprendizaje hacen de los animales adiestrados auxiliares muy valiosos y a veces insustituibles y que, ademas del alto precio que alcanzan, consiguen un afecto que no tiene tazacion, por parte de sus propietarios. El envenenamiento de los perros guardianes o su inutilizacion con anestesicos administrados por via oral es una practica comun de determinados delincuentes, que asi pueden, sin trabas, acceder al interior de las viviendas para satisfacer sus poco licitos fines.
¿Como puede envenenarse a nuestro ladrador guardian? La estricnina, el cianuro o cualquier otro toxico envuelto en carne picada o queso y lanzados al interior del jardin o de la propiedad seran, en la mayoria de las ocasiones, glotonamente devorados por los canes que a los pocos minutos habran fallecido o estaran inutilizados para la mision que les habia sido encomendada. La aceptacion de alimento solo por los dueños o las personas conocidas del perro es una fase del adiestramiento que exige una contrapartida importante de los propietarios: la obligacion de no separarse del perro ni siquiera en periodos de vacaciones, o asegurarse que siempre habra una persona del circulo, aceptado por el can, que pueda ofrecerle la comida.
Este tipo de lecciones muy especificas ha de ser meditado muy concienzudamente, ya que el animal es capaz de dejarse morir de hambre antes de contravenir las enseñanzas recibidas y un capricho inconsciente podra hacer peligrar la vida de nuestro leal y fiero amigo.
Suponiendo que aceptamos la obligacion de no separarnos nunca de nuestro guardian, la mecanica de la habituacion a no comer nada que no le haya sido ofrecido por sus amos es relativamente sencilla y puede comenzar a partir de los cinco, seis o siete meses de edad del cachorro. Para este tipo de clases necesitaremos la ayuda del veterinario que, en funcion del peso vivo del animal, nos preparara o recetara hemeticos violentos poco odoriferos, para que no sean detectados por el olfato del can. Una vez preparadas las raciones purgantes o desagradables, se encapsulan con gelatina de reposteria, utilizando guantes esterilizados de un solo uso. Posteriormente, con la gelatina fria se recubren aquellos alimentos mas apetecidos por nuestro perro: carne picada, queso fundido y chocolate, por ejemplo; formando bolas de unos 7 u 8 centimetros de diametro aproximado.
Unos dias antes de comenzar estos tratamientos, habremos de regularizar al maximo las horas de comida del alumno y ofrecerle el alimento en el mismo recipiente y sujetandole por el collar hasta que digamos la orden: come, en tono muy suave y acariciante. En ese momento se deja libre al animal para que pueda comer el alimento. Cuando termine, tanto si ha acabado con la racion como si le sobra algo, se retirara el recipiente y solo volvera a ofrecersele a la hora acostumbrada. Para empezar la segunda etapa necesario recurrir a la ayuda de amigos y vecinos poco o nada conocidos por el perro y que nunca puedan, eventualmente, cuidar de el ni en ausencia de sus propietarios. Estas personas ofreceran los cebos previamente manipulados que, sin duda, el perro aceptara glotonamente. En ese instante, el amo debe reconvenir al animalito con un energico no, seguido del nombre del can. Esta advertencia, que no sera escuchada, estara seguida de la deteccion de la sustancia desagradable o vomitiva, ya en las fauces del perro y bastaran dos o tres experiencias de esa indole para que no vuelva a comer nada que no le sea previamente ofrecido por sus amos.
Tras estas energicas tretas, ha de dejarse descansar unas semanas al animal, probandole de tarde en tarde con el mismo sistema y pasando ultimo peldaño en la especialidad: la no ingestion de comida encontrada en el campo. Para esto se requiere un jardin o frecuentar espacios abiertos y dejar estrategicamente los cebos esparcidos en lugares señalados para posteriormente recogerlos y destruirlos.
Las enseñanzas pueden agudizarse recurriendo a las tentaciones, despues de tener un dia sin comer al perro. Periodicamente, con una frecuencia no inferior al mes, deberan de reproducirse estas circunstancias, que nos aseguraran un compañero guardian insobornable a los halagos y al alimento.
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